Bienvenidos al Templo del Metal

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La ciudad de Bilbao celebró los días 10 y 11 de diciembre su primer festival en honor a la música metal.

Corría un 17 de diciembre en la cola de AC/DC cuando vinieron a Bilbao. Hicimos cola desde las 8 de la tarde hasta las 3 del mediodía pero nos quedamos sin entrada. Y esa noche tan gélida nos juntamos unos cuantos que no nos conocíamos de nada y dijimos ¿cómo hacemos para solucionar estas cosas?, ¿y si hacemos una asociación metalera? Y así surgió la idea de hacer la asociación”.

Son las palabras de Iñaki Muñoz, uno de los creadores de la Asociación Temple of Metal. Asociados con el concurso de bandas locales Villa de Bilbao, la asociación se compromete todos los años a hacer un concierto, pero este año decidieron hacerlo a lo grande y crearon el primer festival Temple of Metal que tuvo lugar el pasado día 10 y 11 de diciembre.

El festival fue creado con la idea de dar a conocer a los grupos locales y además atraer a los fans del metal con dos cabezas de cartel de origen internacional. El sábado tocarían Darkness by Oath, Waldheim, In Loving Memory, y los italianos Theatre des Vampires como banda principal. Pero la inauguración del festival el viernes correría de la mano de Evil Seeds, Dabelyu, Estampida y los alemanes Lacrimas Profundere.

Cualquier cosa que se haga por primera vez puede dar pie a fallos o imprevistos. Uno de los mayores contratiempos a los que tuvieron que hacer frente los coordinadores del Temple of Metal fue la repentina baja del grupo Evil Seeds. La organización supo actuar rápidamente y colocaron al grupo Rasen en lugar de Evil Seeds para abrir el festival.

Desconcertantes. Esa es la palabra que a uno le viene a la mente cuando ve a Rasen por primera vez. Cuatro chicos en el escenario, tres de ellos vestidos en su propio estilo y manera y una cuarta figura vestida de novia sangrienta que acapara toda la atención: Sei, el cantante. Mientras el resto del grupo permanecía inmóvil, centrándose en tocar, él se movía sin parar. Llegó incluso a bajarse más de una vez del escenario y pasearse entre el público a la vez que cantaba. Sin duda, todo un showman. Rasen fue más que un espectáculo digno de ver. Los jóvenes músicos ofrecieron un sonido en el que se percibía una mezcla de influencias pero cuyo resultado era definitivamente acertado.

Tras este grupo novel, el death metal melódico de Dabelyu tomó control del escenario de la iglesia reformada en sala de conciertos. Inicialmente, al cantante, Ángel, apenas se le oía y la lírica de canciones como “Malas pulgas” o “Vuela lejos” se perdían entre los potentes acordes de los instrumentos. El problema se resolvió y la música de Dabelyu retumbo en una sala con una excelente acústica pero que desafortunadamente no completaba su aforo.

De repente, tras la finalización de Dabelyu, la sala se empezó a llenar. Con la llegada de los argentinos afincados en España, Estampida, el Temple of Metal Festival cobró vida. “Nuestras balas son los instrumentos”, declararon Estampida al salir al escenario vestidos de soldados. Su crítica a la sociedad y la política no se quedo sólo en su intenso trash metal, sino que uno de los mejores momentos de su actuación fue cuando tras una pausa volvieron a tomar el escenario vestidos de religiosos. Cual buen Papa, Lucas Valenzuela, el cantante, bendijo a los fervientes asistentes, que por fin llenaban toda la sala.

Desgraciadamente, al igual que llegaron con Estampida medio público volvió a desaparecer con el fin de su actuación. No obstante, aún faltaban por tocar los cabeza de cartel de la noche, los alemanes Lacrimas Profundere.

Lacrimas Profundere pisaron el escenario con ganas y fuerzas, entonando la canción “Lips” de su último disco “The grandiose nowhere”. Con canciones como “We shouldn’t be here”, “Dear Amy” o “Be mine in tears” derrochaban energía. Pero exceptuando las primeras filas con algunos fans acérrimos del grupo, los asistentes escuchaban pero no participaban activamente. Puede ser que el cambio del trash metal al rock gótico fuese demasiado súbito, o que tantas horas de concierto sin ropero para dejar las cosas o sitio para comprar bebidas, acabaran por desinflar el espíritu del público.

La razón no estaba clara, pero Lacrimas Profundere lo siguieron intentando. Su rock gótico sonó con poderío y vigor, durante un par de canciones más, pero por mucho que los músicos -sobre todo los guitarristas Tony y Oliver- intentaban arrancar los ánimos, la sala se mantenía pasmada. Quizás, la visible indisposición del cantante, Rob Vitacca, y que el público no acababa de reaccionar hizo que  los ánimos del grupo se desinflaran perceptiblemente a medida que transcurría el concierto. El resultado fue una actuación de los Lacrimas Profundere breve y que no pasó de ser sencillamente correcta.

Aunque el viernes la sala no estuvo llena del todo, el equipo de la Asociación Temple of Metal logró poner en marcha un primer festival que sin duda, si sigue por este camino, podría ser algo muy grande en el futuro. De momento, Iñaki nos asegura queya estamos trabajando para buscar algunas bandas para el año que viene y continuar”.

Crónica y fotografías:
Marina Mendive.

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