Poesía contra la violencia en la UCM

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Un recital poético a cargo de la poeta Asunción Valgañón y organizado por dos profesoras de Periodismo y Ciencias Políticas celebra el DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO.

El salón de actos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología reunió a una poeta, dos profesoras y escasos cincuenta alumnos. El salón tiene capacidad quizá para más de mil.

En el día de ayer (25 de noviembre), se celebraba el Día Internacional contra la Violencia de Género. No hay nada más que decir, todas mis palabras a partir de aquí no son más que disertaciones y un darle vueltas a las cosas, pero la realidad es que fuimos sólo cincuenta. Mientras redacto esto, van sesenta y cuatro muertas. Sólo en este año, sólo en España.

Escribiré en primera persona. Escribir en tercera persona aquí, y ahora, es deshumanizar los hechos, es convertirlos en ellas las muertas, ellas la cifra, ellos los malos, ellos la otra cifra.

Quiero un diálogo, por eso escribo para ti. Para que esto no sea una noticia, una reseña o una crónica de otra muerte anunciada.

Asunción Valgañón, poeta, lleva años recorriendo las cárceles españolas por las que pasó otro poeta, Miguel Hernández. Recita los poemas del reo de ayer, a los reos de hoy. Quizá también ante algún condenado por violencia machista.

Organizado por Isabel Tajahuerce Ángel, profesora de periodismo en la UCM y Directora del Curso de Especialista en Agente para la Detección e Intervención Integral en Violencia de Género pudimos disfrutar de la voz de Valgañón, la voz de la denuncia, la voz a una realidad que es silencio.

El acto no estuvo organizado por la UCM, estuvo organizado en la UCM.

Celebramos el día, y lo hacemos porque algunos tenemos conciencia. Es una celebración, enormemente agria.

El terrorismo contra las mujeres mata en número, a muchas más personas que el terrorismo político, pero no es relevante. Como comentaba Asunción Valgañón, en los medios, sólo se enfoca una puerta precintada, quizá un charco de sangre. Decir más, es poner cara a nuestras vergüenzas.

El recital hubiera sido sólo eso, un recital más, de cuatro que se juntan buscando esperanza.

No fue sólo eso, fue la salida del armario de una mujer que entre lágrimas se levantó poco antes de terminar el acto y compartir con todos que ella fue maltratada. Fue un acto de enorme valentía. Sólo lo había contado una vez, a un amigo. De repente, pusimos rostro al cáncer. La víctima no lo cuenta, no lo comparte, es invisible. Lo que ella hizo, quede de ejemplo. Duele, pero callarlo es insoportable. Hay que darle un portazo al armario, sacar fuerza, hacerlo. Estaba allí, pero nadie la vio, porque nadie las ve.

Al verla, sentimos un escalofrío. Era una persona.

A ti, que no sé quién eres.

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