9 000 kilómetros de Dakar entre padre e hijo

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Domingo Fernández, de 49 años; y Carlos Fernández, de 20, son padre e hijo y ambos formaron en la parrilla de salida de la última edición del Rally Dakar. Sobre sus KTM 450 recorrieron los 9 200 kilómetros cronometrados que componían la competición. Carlos Fernández se proclamó el piloto más joven en terminar la dura prueba.

Domingo y Carlos Fernández, un caso único en el Dakar (Fotografía: Facebook Team Fernández)
Domingo y Carlos Fernández, un caso único en el Dakar (Fotografía: Facebook Team Fernández)

¿Cómo surgió la idea de presentarse al Rally Dakar?

Domingo: Siempre he tenido esa idea de participar, pero en 2014 fue cuando me puse en marcha, presenté la solicitud para presentarme yo solo, pero me dieron la negativa. Al año siguiente pensamos en presentarnos juntos.

Para ir al Dakar es necesario estar preparado y haber corrido carreras de una dureza similar, ¿Cómo se prepararon para ello?

D: Es necesario un currículum para que ellos vean que puedes hacer esa carrera. Yo he hecho varias carreras de rallies, el Desafío Inca y la Ruta 40, entre otras, son carreras con condiciones parecidas al Dakar. Nos hemos preparado todo lo que hemos podido y lo que nos ha dado tiempo, aunque siempre hemos tenido un mínimo de montar en moto, teníamos nivel para correr una carrera así.

Carlos: Por técnica no iba a ser problema a la hora de desarrollar la carrera, era más tema de físico y de aguantar esa carrera. Hemos estado a temperaturas de 52 grados, eso era lo difícil.

D: El problema era el calor, te destroza y cansa mucho.

Carlos, usted era el encargado de la navegación, ¿Qué quiere decir eso?

C: Los dos sabíamos lo que teníamos que hacer, pero yo llevaba un ritmo un pelín más rápido a la hora de ir navegando, iba delante y mi padre me iba siguiendo.  Yo llevo un GPS que marca la velocidad, los kilómetros y el rumbo, y que avisa cuando se está a un kilómetro de un punto de paso para validar que se pasa por ahí; además también llevábamos un papel que nos marcaba, por decirlo así, “el camino”, nos mandaba la dirección, hacia donde debíamos ir, y el grado de peligro. 

Qué tensión cuando están en el grado más alto de peligro, ¿no?

C: Son precauciones, peligros como un hueco o algo por el estilo. Avisa para estar preparado para los peligros, saber si se tiene que ir más rápido o más lento, puede indicar que hay una curva muy cerrada y que hay que tener cuidado o cosas así.

D: Así también vemos quien tira de quién. Si es algo con más dificultad, que yo por la edad podría tardar más en pasar, dejo a Carlos que tire.

¿Cómo consiguen ir siempre juntos?

C: Intentábamos ir el máximo tiempo posible paralelos.

¿Y cuándo se pierden?

D: Normalmente sabes que siempre el otro va delante. Cuando nos perdemos, cuando no vemos al otro, nos damos la vuelta y acabamos encontrándonos.

– ¿Cómo consiguieron la financiación necesaria?

D: Un 70 % es de nuestro bolsillo, y 30 % han sido ayudas de empresas locales, de por aquí, que han querido unirse al proyecto. 

¿La moto la prepararon ustedes? ¿Qué pasa si se avería?

D: Hemos tenido mucha suerte, aunque también cuidado. Nuestro ritmo iba acorde con nuestras motos. Cuando Carlos iba muy rápido, yo le decía que bajara un poco el ritmo, no podemos ir siempre a tope, porque sabemos que la moto tiene que aguantar. En cuanto a la mecánica, llevamos un servicio de emergencia; cuando se llega, cambian el aceite y limpian los filtros de gasolina. Nosotros llevamos las piezas fundamentales de la moto como los filtros del aire y de la gasolina, y se las damos a un servicio que contratamos para que nos ayude. Este servicio tiene un mecánico que cuando llegamos nos arregla lo que se haya roto. Por suerte no se rompió ninguna parte importante.

¿Consideran este Dakar como uno de los más duros? ¿Cómo se llevó la muerte del piloto polaco Michal Hernik?

C: Sabemos que es algo que puede pasar.

D: No se da uno cuenta, apenas nos enteramos de lo que pasa. Cuando llegamos nos informan y ya esta. Estamos en la carrera y sólo se ve lo que hay alrededor, va dependiendo del ritmo que se lleve, excepto si hay muchos problemas. Entonces se puede adelantar o ser adelantado más, y por lo tanto se puede ver más. Cada uno tiene su posición, hay un margen de pilotos, vemos cuando alguien ha roto porque se lo adelanta, o cuando se cae, pero nada más.

C: Si pasa algo raro, cuando llegamos nos lo dicen, pero es complicado.

D: En cuanto a la dureza, no podemos compararla con otros años. A nosotros nos dijeron que íbamos a sufrir e íbamos mentalizados. ¿Que puede que haya otras veces que hubiéramos sufrido menos? Puede ser, pero como ésta es difícil. Ya sabríamos qué partes del cuerpo teníamos que preparar más. Nosotros sufrimos mucho con las manos, Carlos tuvo una lesión dos meses antes y yo debería de haber entrenado un poco más de lo que entrené. Las manos sufren mucho, se están diez o doce horas agarrado a la moto, y ya sólo por el hecho de estar así llega un momento que se carga mucho la muñeca.

C: No se puede ni abrir las manos, no las podíamos tener rectas, se nos quedaban con la forma del puño.

– ¿Cuál fue la situación más al límite que vivieron?

D: La carrera en general. Pensar que si se avería la moto o hay un problema y se hace tarde hay que dormir en la calle. No se puede dormir, hay que ir al límite en cada momento porque si no, se puede tener un problema. Hay que hacer 700 kilómetros cada día, y hay que hacerlos y no se puede parar. Nuestro nivel junto con la suerte de no tener ningún problema mecánico, ha sido aceptable para llegar de día. Sólo una vez llegamos de noche, y fue porque pararon la carrera y tuvimos que esperar a la policía, pero normalmente llegábamos al anochecer, cuando aún hay luz. Además, los primeros días no podía dormir, dormía dos o tres horas y luego a por la etapa. Donde dormíamos había 200 grupos electrónicos, ruidos por todos lados. Al lado de la tienda donde se duerme está el mecánico, arreglando la moto, con las pruebas de motor, aceleraciones durante toda la noche… Y como momentos más duros, sin duda las etapas con calor.

C: Para mí, el frío. Un día cruzábamos los Andes a once grados bajo cero y sufrí una hipotermia. Cuando me bajé de la moto no podía mantenerme en pie, me tenía que sujetar mi padre, me hacía andar, yo no podía moverme.

D: El peligro no es sólo en las dunas o en las partes que todos conocemos, el peligro está desde que se sale del campamento por la mañana, aunque sea sólo una carretera, ya son 300 o 400 kilómetros de enlace, antes de hacer otros 300 de pista cronometrada. En esa mañana nos levantaron a las 3:30 para hacer un paso a 4 900 metros de altitud, era una mañana de mucho frío. Paramos dos o tres veces a causa del frío, y hasta que ya paró él y no podía ni andar. Ahí sí lo pasamos mal, el más que yo. La televisión cuenta lo más extremo, pero hay días muy duros que no se ven, se hace muy largo. Psicológicamente es muy duro.

¿Y el sufrimiento como padre?

D: Había momentos muy malos. Yo sufría mucho en los enlaces por él. En carrera en sí los peligros me preocupaban menos, ya que él iba suelto en la moto y se calentaba, el frío era menor.

¿Tuvieron muchos accidentes, muchas caídas?

D: Yo me caí varias veces, y las consecuencias fueron más físicas que para la moto. Caídas leves en las dunas siempre se pueden tener; con riesgo para el cuerpo, pocas.

C: Yo me caí una vez y sí que tuve problemas con la moto.

¿Salieron físicamente ilesos?

D: Yo me caí en la sexta etapa y me desgarré el abductor externo. Al caer se me quedó enganchado el pie y se me hizo un derrame de la rodilla a la ingle, pero tenía que terminar la etapa. Por la noche casi no podía andar, y a los dos días fui al hospital, a un servicio médico que había en Bolivia. Estaba la rodilla totalmente negra, de la rodilla para arriba, negro como el tizón. Carlos se asustó y me tuve que hacer una resonancia para ver exactamente qué es lo que tenía.

¿Quién apoyaba a quién en los momentos más duros?

D: Ha habido momentos para todo, había momentos malos que uno se apoyaba en el otro y viceversa.

¿Pensaron en algún momento en retirarse?

D: Nunca nos lo planteamos. Había momentos duros en la carrera y a veces veíamos necesario parar, pero sólo para descansar. Quedan cien kilómetros y hace mucho calor, hay que descansar como sea durante un rato. Hay que decidir en momentos cuál es la prioridad, si el tiempo de carrera o tomarse un respiro. Por suerte, normalmente teníamos tiempo para descansar.

¿Qué les pareció que finalmente se decidiera salir en la novena etapa?

C: No se debería haber salido, era como salir en un mar. Nos soltaban ahí como diciendo “suerte”, a dos grados, lloviendo, no se veía nada, no sabíamos el agua que había, ya que el suelo era plano. Yo creo que se salió porque estaba Evo Morales con la bandera y no hubo más remedio. Fue una etapa complicada, además era toda en altitud, altitudes de alrededor de 4 000 metros.

¿Y cómo llevaban la presión a tantos metros?

D: La primera vez que subimos a grandes alturas tomamos unas pastillas contra la presión, que eliminaban los dolores de cabeza y los mareos, así que ni nos enteramos; pero la segunda vez se nos olvidó tomarlas, y ahí sí que lo sufrimos, fue un gran fallo.

C: Cuando me bajé de la moto yo no veía nada, veía el suelo y el camino blanco, no podía mantenerme en pie.

¿Mantenían relación con los corredores más expertos del rally?

C: Sólo con los que estaban en nuestro grupo, es decir con los que coincidíamos en el campamento. También con el que nos encontrábamos por el camino, con el que sabíamos que más o menos estaba en nuestro ritmo, y con los que coincidíamos en los descansos, aunque son sólo quince minutos para tomar agua.

D: Prácticamente cada uno está a lo suyo, en un campamento enorme, con 400 participantes y un montón de talleres, cada uno preparado con su grupo y sus mecánicos.

¿Que se siente al estar al lado de Marc Coma, Joan Barreda, Carlos Sainz y demás pilotos? ¿Admiración?

D: Admiración para mi es más por el ultimo, que está sufriendo más, que por el primero, que se dedica a eso profesionalmente. Para mí, admiración despiertan los que están, o los que estamos. Los que van detrás de mí más que el primero, gente que duerme en las dunas, que se le hace de noche en carrera y tiene que esperar a que vuelva a ser de día. Para mí ellos tienen más valor que el que se está preparando 365 días al año para la carrera y viene con un coche cama insonorizado y con todas las medidas necesarias.

C: El que sale todos los días temprano, sin luz del sol y vuelve otra vez de noche. Eso sí que es duro.

A parte de terminar la carrera, ¿qué es lo mejor que se llevan de la experiencia?

C: La gente que se conoce; pero en general la carrera, es una experiencia única.

D: Yo también me quedo con los paisajes y la afición que hay allí.

¿Qué se les pasó por la cabeza cuando llegaron al final?

C: No nos lo creemos. Cuando llegamos al final y vemos la bandera roja, la gente parada, a todo el mundo dándose abrazos, bajamos de la moto y nos ponemos también abrazar a todo el mundo, aunque no los conozcamos.

D: El día que terminamos llegamos al hotel, nos duchamos, nos tiramos a la cama y estuvimos 16 o 17 horas durmiendo, no sabíamos cómo podíamos haber aguantado tanto. Me dolían desde las uñas de los pies hasta el último pelo de la cabeza.

C: Ahora parece que fue hace una eternidad, parece que había estado un año sentado en la moto.

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