La malaria, una enfermedad sin cura que cada año mata a 800.000 personas

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El pasado 25 de abril se celebró el Día Mundial del Paludismo, una enfermedad que provoca el veinte por ciento de las muertes infantiles en África y cuyo tratamiento actual, basado en la combinación de medicamentos, reduce el riesgo de mortalidad pero no ha logrado erradicar la infección. La conmemoración de esta patología, establecida en la 60 Asamblea Mundial de la Salud, tiene el objetivo de servir como plataforma para que los diferentes equipos de investigación expongan sus adelantos científicos y para que los países afectados compartan sus iniciativas y problemáticas.  

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que el cincuenta por ciento de la población mundial está en riesgo de contraer una enfermedad como la malaria, que provoca el fallecimiento de 800.000 personas cada año. De hecho, cada treinta segundos un niño fallece a consecuencia de paludismo o malaria.

Sin embargo, los más pequeños no son el único foco de acción, sino que las mujeres embarazadas también se ven también afectadas por la infección. Cada año mueren alrededor de 10.000 féminas, toda vez que el paludismo acarrea abortos espontáneos, parto prematuro, nacimiento muerto del bebé o anemia materna grave.

El paludismo afecta especialmente a aquellas personas que no tienen acceso a una atención sanitaria. La enfermedad no sólo incide en la salud del ser humano, ya que también provoca una pérdida aproximada del 1,3 por ciento del crecimiento económico anual en los países donde se localiza.

A pesar de los datos negativos, el Informe Mundial sobre el Paludismo publicado en 2011 señala que, durante el año anterior, el continente africano redujo su índice de mortalidad en un 33 por ciento. 

El paludismo es una enfermedad que se transmite exclusivamente a través de la picadura de los mosquitos del género “Anopheles”, que están infectados por parásitos del género “Plasmodium”. Entre los cuatro subgrupos en los que se divide el parásito, el “plasmodium falciparum” es el que mayor número de fallecimientos ocasiona.  

Cuando el individuo ha sido infectado, los parásitos circulan por el torrente sanguíneo hasta llegar al hígado, donde maduran para volver a ingresar al torrente e infectar a los etritocitos -glóbulos rojos-. Los primeros síntomas, como fiebre, vómitos, dolor de cabeza o anemia, se desarrollan en ciclos de 48 a72 horas y se manifiestan generalmente entre los diez y quince días posteriores a la picadura.

Los mosquitos anopheles, vectores del paludismo, se crían en agua dulce poco profunda y la intensidad de la transmisión del parásito al ser humano aumenta con el tiempo de vida de los mosquitos, ya que de esta forma el parásito pasmodium se desarrolla completamente. Asimismo, influye el hecho de que el vector tenga preferencia por los humanos y, por lo tanto, pique antes a las personas que a los animales.

Por otro lado, el reducido ratio de acción de estos insectos encuentra su explicación en factores climáticos como la temperatura, la humedad o las lluvias, que condicionan el número y la supervivencia de los mosquitos. Así, en determinadas regiones, la transmisión es estacional y se producen infecciones más agudas en épocas lluviosas. Esta situación explicaría que los adultos que están muchos años expuestos a condiciones de transmisión moderada-intensa, lleguen a ser inmunes ante la infección, mientras que el porcentaje en niños enfermos es mayor.

Los expertos certifican que si la malaria se diagnostica y se trata a tiempo, se produce una disminución al mínimo del peligro de muerte y de contraer la enfermedad. Los tratamientos combinados -administrar un mínimo de dos fármacos- son más efectivos, ya que eliminan por completo a los parásitos resistentes, al contrario que las monoterapias -el uso de un único medicamento-, que no hacen sino fomentar la resistencia de la enfermedad a los fármacos.

En la actualidad, no hay una vacuna efectiva contra la malaria, aunque las investigaciones que se están llevando a cabo en países africanos tienen el fin de constatar el efecto de la vacuna “RTS. S/AS01”, que actuaría contra el plasmodium falciparum. Sin embargo, los resultados no podrán conocerse hasta 2014.

Mientras tanto, la OMS formula nuevas políticas que ayuden a erradicar la enfermedad, elaborando estrategias con base científica, valorando los progresos mundiales y determinando las amenazas que desbordan el control del paludismo.

Imágenes: Gates Foundation/US Army Africa

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