Un poco sobre Educación para la Ciudadanía

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Haz clic sobre la imagen para ampliarlaEl debate sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC) está siendo lo suficientemente profuso y al mismo tiempo estéril, por sectario, como para merecer una reflexión, por pequeña que sea, tanto sobre la discusión en sí, como sobre la asignatura propiamente dicha.

Debido al escaso espacio que debe tener un artículo para una revista digital de este tipo, no tocaré todos los posibles flancos que van surgiendo a medida que el debate se hace más enconado. Me ceñiré más a la asignatura en sí. Aunque no sin antes señalar que no se puede confundir, siendo inteligentes y reflexivos, la oposición a la EpC con partidismos ridículos de ningún tipo. Ya la Filosofía Política, casi sin excepción, ha mostrado la inutilidad, por artificiosa, de polarizar la política en izquierdas y derechas, diferenciación que seguiremos usando por falta de espacio, y porque es tan común que no habrá problemas de entendimiento.

Existe una crítica de cierta izquierda a la EpC, que sin estar completamente de acuerdo con ella (por otros lados, completamente peligrosa y sinsentido), toca muchos puntos clave que son certeros. Por tanto, la política de PSOE, ERC, IU y demás, acerca de la necesidad perentoria de una EpC, no es la opinión de toda la izquierda sino de esa que ve la necesidad de convertirse en la punta de lanza de una supuesta sociedad europea cosmopolita: los defensores de la necesidad de una EpC en España, se escudan en la existencia de esta asignatura en otros países europeos como si eso fuera una jusificación per se, concurriendo en una falacia ad populum; es decir, si los demás se tiran al pozo yo también. Lo que, evidentemente, es estúpido. Es precisamente en nombre de esa sociedad europea, igualitaria por derecho, solidaria, pacífica, etc., por lo que se ha creado una materia educativa nueva tanto en España como en otros países europeos.  El gran problema surge cuando uno se pone a reflexionar sobre qué es la Unión Europea,  porque como dice  Gustavo Bueno “Europa no es una Nación política, ni siquiera una federación de Naciones. Es una unión, monetaria y mercantil, envuelta por una superestructura de apariencia política, pero en la cual los ciudadanos que eligen democráticamente a sus representantes no forman parte de ningún cuerpo electoral europeo, porque todos los diputados son elegidos a través de los cuerpos electorales de cada Estado nacional asociado a la Unión. Por supuesto no existe un idioma común para la Unión Europea, lo que implica necesariamente que la educación de la ciudadanía europea, que deberá contener siempre la adquisición de la competencia en un idioma común, tendrá que elegir, puesto que no hay «idioma europeo», el idioma de alguna de las Naciones socias, en perjuicio de los idiomas que queden postergados” [1]. Es decir, hay que ser un buen ciudadano, de no se sabe qué, ni por qué, ni cómo, ni siquiera dónde, ni en nombre de quién. Cierta izquierda (no desde luego la que está en el poder ni sus adláteres) y bastante derecha, advierten que la domesticación de los habitantes que viven en la UE pasa por hacer creer que ser un europeo moderno y respetable – y por supuesto un demócrata – es lo mismo que ser apolítico, laico (neutralmente religioso suena mejor incluso) y educado bajo los parámetros vacíos de la EpC de turno. Por tanto, y concluyendo el bloque referido al debate, polarizar la polémica entre buenos (laicos-de-izquierdas-europeistas) y obispos (católicos-de-derechas-españolistas-rancios) es tan ridículo como creer que un joven necesita un libro escrito por pedagogos para diferenciar una pareja entre hombre y mujer y una pareja del mismo sexo. Simplemente se ve.

Como ya se intuye, mi crítica a la asignatura de EpC tiene varias vertientes. Por un lado el sinsentido de una educación unitaria a nivel europeo como apoyo a la uniformidad económica, ya conseguida. El único resultado posible es una masa lo suficientemente ovejuna como para justificar, aunque sea con su silencio, al político europeo, casi por definición mediocre. Por otro lado, un gobierno como el de Zapatero, que quiere crear un ciudadano tan fantasmagóricamente (fantasmagórico, por huero, como ya hemos explicado) cosmopolita, que necesariamente será antiespañol, apolítico, y religiosamente neutral, es decir, un cenutrio sin más pretensiones que un piso de protección oficial. Pasando por crear un sistema educativo aún más pobre, e incluso risible si no fuera un tema tan serio: se reducen las horas semanales de Ética y Filosofía en secundaria, únicas asignaturas que por su carácter totalizador y no particularizador como el resto, pueden formar un espíritu medianamente crítico, sustituyéndolas por una asignatura como EpC, materia basada en conceptos supuestamente bellos, como la solidaridad, la paz, el respeto y demás, pero que al ser meras flatus vocis, es decir, conceptos sin parámetros de ningún tipo, convertirán a nuestros estudiantes en voceros del gobierno de turno; aprenderán valores democráticos, sin ni siquiera saber lo que es un valor, ni siquiera una democracia; y por supuesto, no se pondrán en tela de juicio ciertos valores, que por tanto pasarán automáticamente a la categoría de incontestables e indiscutibles, mostrando así lo orgullosos que están de sí mismos los juristas-burócratas europeos y españoles que han creado esta asignatura; ellos han conseguido vislumbrar la Verdad y nos enseñan el camino que debemos seguir para hacer lo mismo; y encima que eres un patoso que te mueves en la pura apariencia, no discutas. La Verdad te será mostrada; no seas obispo, o lo que es peor: anticiudadano. ¿Se puede ser algo más que un buen ciudadano europeo? Zapatero no lo cree. Bruselas tampoco. Y José Antonio Marina no puede estar equivocado.

[1] Gustavo Bueno en http://www.nodulo.org/ec/2007/n062p02.htm
Fuente foto:
http://sintalante.files.wordpress.com/2007/02/educacion-ciudadania.JPG

1 Comentario

  1. Después de ver los contenidos de EpC en el programa publicado por el Ministerio en el BOE, no creo que ésta tenga por objetivo el aborregar a la gente. Contiene valores que no tienen porqué ser vacios, depende de si quien lo imparte sabe realmente cómo transmitirlos a sus alumnos. Estoy de acuerdo en que Filosofía y Ética es una asignatura de importancia en la educación, porque gran parte de la política actual viene de los pensadores y filósofos anteriores (Aristóteles en su Política ya hacía un compendio de las formas de gobierno, por poner un ejemplo; pero no estoy de acuerdo en que se haya sustituído por EpC, puesto que no es así, como tampoco ha sustituído la religión.
    Tal y como está planteada la asignatura, la creo necesaria para que las nuevas generaciones sepan el sistema político-social en el que viven, una democracia garantista donde todos tenemos derechos, sí, pero también obligaciones. Y a la vista de las agresiones racistas, xenófobas, de violencia de género, de acoso escolar, etc. creo que no están nada claras para una parte de la juventud.
    Yo no tuve EpC, pero sí Filosofía, y no aprendí estos valores allí, entre otras cosas porque lo que se impartía era teoría pura y dura que con 16 años poco se entiende; es ahora cuando puedo meterme con Mill, Maquiavelo o Aristóteles y comprender mínimamente lo que es. POr eso, creo que no son excluyentes, sino complementarias, y que EpC no está vacia, sino que pretende hacer prácticos los principios filosófico-politicos.

  2. ¿Tú conoces los valores que hay que impartir? ¿Quién te los ha enseñado a ti? ¿Todos los valores de todos los ciudadanos en este país son los mismos? ¿Son todos igual de válidos? ¿Quién te asegura que los valores que se van a impartir son los que a ti te parecen bien?
    Hace tiempo, cada vez parece más tiempo, un valor fundamental era el respeto. Eso no se aprendía en una asignatura. Se respiraba respeto, aunque a veces se confundiera con el miedo. Pero era un valor indiscutible. La gente estudia Filosofía, pero no la aprende. Estudiamos Historia en el Instituto pero no la aprendemos. Con esto va a pasar lo mismo. Nadie va a aprender valores, no existe el ‘Profesor de EpC’, Doctorado en Valores. Y mientras tanto seguiremos con el debate y quitando horas al resto.

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