american-horror-story-freak-show-image1La esperada cuarta temporada de la serie estadounidense American Horror Story despliega su carpa, sus encantos y abre sus puertas a una audiencia impaciente. Un espectáculo a la altura de la peor de las pesadillas. Recojan ya su entrada, pasen y vean.

Welcome back, Huelleros, es un honor recibirles aquí esta noche de Halloween. Tras cierto tiempo ausente de las teclas vuelvo a la carga con uno de los shows con los que más he disfrutado en los últimos tiempos: American Horror Story.

Tras una inicial temporada de presentación en una casa encantada, una sublime segunda enclaustrados en un asilo de locos, y una tercera poco mágica inmersos en un aquelarre de brujas, la serie de Ryan Murphy y Brad Falchuk nos lleva de la manita hasta el circo.

¡Qué bonito, el sueño de todo niño! No, en American Horror Story no hay cosas bonitas, ni personajes cándidos, ni situaciones idílicas, y mucho menos, sueños de niños. Aquí se juega con la crudeza del sexo, con el morbo duro, con la inexorabilidad de la muerte, lo salvaje de la sangre y el dolor y, por supuesto, el miedo, el temor incrustado en el imaginario colectivo, especialmente en el estadounidense. Y esto, damas y caballeros, es la esencia de American Horror Story, lo que realmente nos apasiona de ella. Así, tras tratar temas tan emblemáticos de la cultura yanqui como OVNIS, posesiones, brujería o apariciones, nos adentramos sin remisión en un Freakshow, un show de frikis. No, no penséis que es algo comparable a un Sálvame Deluxe, al último Gran Hermano o al corrillo de Amigas y Conocidas del programa de verano de Inés Ballester, no. Esto es un verdadero show de frikis.

Ser friki es algo que se elige hoy en día; uno es friki por convicción, porque siente devoción por algo, y si se siente vergüenza en determinada situación (cosa poco probable, pues cuando uno es friki lo es con todas las consecuencias), pues se reprime tal condición momentáneamente y ya está, ¡a otra cosa mariposa! Otro asunto bien distinto, por no decir peliagudo o jodido, es el de los frikis de este circo, atenazados por deformidades, amputaciones o rarezas biológicas, de esas que es difícil esconder.

Sin ir más lejos, la temporada abre con la actriz Sarah Paulson, mi otrora idolatrada Lana Banana, quien dará vida a Bette y Dot, las gemelas siamesas, es decir, un cuerpo y dos cabezas independientes en pensamientos y diametralmente opuestas en personalidades. Este núcleo duro de la nueva entrega está conseguido a la perfección, a nivel de efectos especiales como en lo referente a su guion, y enamora, tanto que desde el primer momento te dan ganas de abrazar a las siamesas.

Las gemesas siamesas Bette y Dot.
Las gemesas siamesas Bette y Dot.

Pero hasta ahí. No más abrazos. El resto del elenco circense está compuesto por otros personajes menos halagüeños, tales como la mujer barbuda (interpretada por la gran Kathy Bates), el chico guapo de manos tentaculares (Evan Peters), la “mujer” de tres pechos (Angela Bassett) o frikis sin brazos, sin miembros inferiores o descerebrados. Sin entrar a hablar del que se ha alzado con el oro del horror en esta última entrega: el retorcido y escalofriantes payaso Twisty, un asesino que oculta, por nuestro bien, su boca tras una máscara de sonrisa endiablada. ¿Veis?, por este tipo de cosas me defino como coulrofóbico.

¡Huye, insensato!, ¡aquí viene Twisty con ganas de hacerte reír!
¡Huye, insensato!, ¡aquí viene Twisty con ganas de hacerte reír!

Entre toda esa troupe, un diamante refulge; Jessica Lange se vuelve a hacer con el papel estrella de la temporada, el de Elsa Mars, la ególatra directora de este show de frikis cuya compleja personalidad destaca sobre el resto, como un trapecista sobrevuela las tres pistas, y la cual iremos desgranando a lo largo de la temporada. Y como un ejemplo vale más que mil descripciones, su interpretación del Gods and Monsters de Lana del Rey reventó las redes sociales hace tan sólo una semana.

Pero por encima incluso de la Lange, que ya ha afirmado que ésta será su última temporada como parte del reparto regular, queda una idea global de mayor calado y que me conquistó en cuanto la vi traslucir en la trama: la de que los frikis a los que llevo aludiendo durante el transcurso del artículo no son más que personas. Personas como tú y como yo que merecen igual respeto y, por supuesto, las mismas oportunidades a pesar de sus apariencias, distintas a la nuestra. Si ya se discrimina a personas por motivos de su raza, religión o condición sexual, sería justo parar un segundo e imaginarse lo que han sufrido en sus carnes algunos de estos actores (cuyas deformidades son reales) y los miembros de este tipo de circos en los que se inspira el cuarto volumen de esta serie.

Sin más, os emplazo hasta la próxima semana y os despido con un consejo: cuidado esta noche con los trucos, más aún con los tratos, y más aún con los payasos que te sonrían de noche. ¡Feliz Halloween!

 

PD: mi reflexión final de telespectador de hoy es: “¿Veremos un cameo del joven Nicolás en este Freakshow?”

Fotografías propiedad de la página web abc.com

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