Y volver, volver, volver

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Tres años después, el tercero. Rafa Nadal ha vencido esta tarde en la final del Mutua Madrid Open a Stanislas Wawrinka (6-2, 6-4) en uno de los mejores partidos que ha disputado el balear tras su regreso a las pistas el pasado mes de febrero. El ídolo local reconquista la capital y vuelve a retomar la senda victoriosa en los torneos Masters 1000, después de perder la última final en Montecarlo.

Rafa Nadal (26), campeón en Madrid. El Masters 1000 número 23 de su carrera. Fuente: Mutua Madrid Open
Rafa Nadal (26), campeón en Madrid. El Masters 1000 número 23 de su carrera. Fuente: Mutua Madrid Open

No saboreaba Nadal la dulzura del triunfo en Madrid desde el año 2010. Entonces derrotó al suizo más grande, Roger Federer, en un partido vibrante, primoroso capítulo de la historia de clásicos de la raqueta que llevan disputando los dos titanes del tenis mundial desde hace casi una década. Hoy, otro helvético, ha asistido como espectador privilegiado a la exhibición de Nadal. Un impotente Wawrinka no ha encontrado resortes para defenderse de la agresividad del local.

Todos los precedentes favorecían al manacorí, toda la afición que abarrotaba la Caja Mágica apoyaba a quien jugaba en casa. Quiso emular la propuesta que tan bien le había funcionado en las semifinales contra el inesperado Pablo Andújar. Buscó Nadal el atrevimiento, el descaro. Incisivo y dominador, empezó a ensanchar la pista con su drive. Mientras el español jugaba cerca de la línea de fondo, el suizo tenía que hacerlo muy lejos de su raya de cal.

Destrozó Nadal el saque del suizo en el arranque del partido y consolidó la rotura en el juego siguiente. Repitió guion en los dos siguientes juegos y abrió una grieta honda. Para entonces, Wawrinka mostraba sus primeros síntomas de agotamiento. Castigado físicamente, requirió de la asistencia del fisioterapeuta. Poco más necesitó el tenista balear para cerrar el primer set: un inicio fulgurante y la escasez global de su rival le servían para mandar cómodamente en la final.

Con la segunda manga mejoró el servicio del alpino. Wawrinka intentó hacerse fuerte con su saque, jugándolo con más brío para evitar que los peloteos se alargaran. Sabía quien marchaba por debajo en el marcador que cada punto que tardara en resolverse se terminaría convirtiendo en una opción sencilla para que Nadal se lo anotara. Una brizna de vehemencia, de saberse al límite, invadió alguno de los golpes del suizo; del otro lado, el español aguardaba sereno su oportunidad.

Equilibrado estuvo el segundo set  hasta que en el séptimo juego Nadal rompió el saque de su rival. Aseguró el zurdo su servicio y en poco más de una hora puso el punto y final al torneo de 2013. El español, coleccionista de títulos, se lleva una final atípica, tranquila y plácida. La disposición con la que saltó a la cancha, el excelente nivel -mostrado durante toda la semana- golpeando de drive y las dificultades para entrar en el partido que encontró su oponente, facilitaron el triunfo. 

Termina el Masters de Madrid con el mejor final posible para la afición española. Nadal, que se reencuentra con un título que le había esquivado en las dos últimas ediciones, parece encontrar una continuidad tanto en el juego como en su físico. Antes de intentar el octavo asalto a Roland Garros, le espera el Masters de Roma esta próxima semana. Nunca dejaron de acompañar a su tenis la competitividad y el espíritu que le han llevado a disputar siete finales, ganando cinco de ellas, en el que se suponía difícil año de su regreso.

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