1M: Análisis de los resultados

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Tras la noche electoral y la recuperación de la resaca democrática llega el momento de analizar los resultados de este domingo primero de marzo. Muchos han tildado los resultados de estas votaciones de históricos con una facilidad asombrosa cuando en realidad el tal cambio anunciado probablemente no se haga efectivo. Primeramente, en Galicia no existe cambio ninguno sólo alternancia política y, en segundo lugar, el tan laureado cambio en Euskadi no se produce sólo con un cambio en el partido que ostente la lehendakaritza sino en el momento en el que ese nuevo gobierno consiga que la diáspora pueda volver a su tierra, la gente pueda hablar de política en público, los empresarios no tengan que pagar impuesto revolucionario alguno y se pueda poner la bandera que cada uno guste donde guste y como guste sin temor a represalias, es decir, un auténtico cambio en el modo de vida de absolutamente todos los vascos. Dicho lo cual, pasemos a reflexionar sobre la luz que arrojan los resultados.

Galicia
S
in duda alguna, el gran perdedor de estos comicios ha sido el nacionalismo gallego, en concreto el representado por el BNG. Un retroceso importantísimo en gran parte debido a los últimos abusos irracionales de algunos radicales que, aunque no sea directamente, entroncan con su ideología. Nadie ha olvidado las agresiones a políticos en las universidades en nombre de la formación AGIR o los que recibió la plataforma Galicia Bilingüe. Los ciudadanos han dicho alto y claro en las urnas que no quieren más altercados como los vividos entonces.

El segundo gran perjudicado ha sido el PSOE gallego de Touriño, salpicado de escándalos como su curiosa manera de amueblar los despachos o de adquirir vehículos aún más caros que los del mismísimo presidente estadounidense. En este caso, la bajada de votos parece haberse fundamentado en un gobierno más basado en el derroche y en los pactos con los nacionalismos que en el bien común del pueblo gallego que, alentado con los escándalos anteriormente nombrados ha desembocado en el desencanto popular y en el voto de castigo. Aún así, los resultados no han sido tan catastróficos como podría haberse esperado.

Por supuesto, hay que dar como vencedor al PP de Feíjóo. 39 diputados, mayoría absoluta. Pero una mayoría absoluta muy justita que en ningún caso puede clasificarse como éxito electoral rotundo, tal y como han querido vender tanto el partido como sus medios más afines. De hecho, simplemente se ha igualado- igualar no es mejorar- un resultado que Galicia lleva experimentando desde siempre y que ha vuelto tras lo que sí que puede clasificarse como derrota en toda regla hace cuatro años, aunque fundamentada en la campaña de desprestigio del Prestige y el Nunca Mais- digo de desprestigio porque con el nuevo gobierno se hundió otro petrolero en aguas andaluzas y nadie movió un dedo-. Un éxito radical para el PP habría sido conseguir los 40 diputados o más.

Por otra parte, hay otra formación que puede considerarse ganadora de las elecciones, al menos moralmente: se trata de Unión Progreso y Democracia. Para ser la primera vez que se presentan a unas elecciones autonómicas en Galicia y sin el apoyo mediático prestado a otros partidos ni medios para una gran campaña electoral, el resultado de cuarta fuerza política más votada en Galicia es abrumador aunque no se consiga diputado alguno. Representa el crecimiento de un partido por el que, hace tan sólo un año, nadie habría apostado.

En general, en Galicia se puede hablar de voto de castigo más que de voto convencido. La gente estaba harta del gobierno que tenían y harta de sus socios así que votó en contra, no porque el principal rival les convenciera- en este caso el PP- sino porque por la táctica del voto útil creían que era la única manera de neutralizarlo. Hay que tener en cuenta la naturaleza tradicionalmente conservadora de esta provincia española.

Ahora le toca a Feijóo apuntalar los resultados y tomar la Xunta de Galicia. Por lo menos, en este caso se tiene un presidente claro.

Euskadi
Muy distinto es el caso de los resultados en el País Vasco.  Lo único que con los datos sobre la mesa se puede catalogar como históricos son los referidos a la no participación de ningún partido claramente proetarra en los comicios. Por el momento, no se sabe quién puede ser el próximo lehendakari y la situación que se ha producido- a falta del recuento del voto por correo de los que no han sido víctimas de la diáspora (faltan esos votos y siempre diré que faltan)- resulta, como mínimo, indeterminada. La mayoría absoluta sólo es posible mediante un pacto del PSOE con el resto de fuerzas políticas y se da la circunstancia de que la suma de los tres partidos autoproclamados constitucionalistas- PSOE, PP y UPyD- pueden neutralizar el nacionalismo y a un PNV que lleva ostentando la lehendakaritza desde hace 30 años con las consecuencias que cualquier exiliado o extorsionado vasco puede explicar mucho mejor que yo. Ahora bien, ¿quién puede garantizar que el PSOE pacte con estos partidos o prefiera otras vías para alcanzar el gobierno? ¿Quién asegura que al final consiga algún pacto viable? Sin duda alguna, el gran ganador de las elecciones vascas con una más que espectacular subida de seis diputados ha sido este partido. Pero para muy poco le va a servir si no es capaz de comerse su orgullo y negociar. Además, se encuentra con la difícil disyuntiva de que desde el PNV han amenazado al presidente nacional y jefe del PSOE- José Luis Rodríguez Zapatero- con abandonar el apoyo en el Congreso. Así las cosas, puede que ese gran triunfador del uno de marzo se convierta en el gran perdedor al no saber administrar bien sus cartas o en el perrito faldero de Ibarretxe gracias a un gobierno central temeroso de perder apoyos en medio de la crisis.

El problema que más se discute es que los votos que ha conseguido PNV les otorga los 30 diputados. Técnicamente, es el ganador de los comicios- el PSOE ha sacado 24- a pesar de su importante retroceso así que no se puede hablar de derrota total del nacionalismo. Todavía puede conseguir el gobierno vasco si no se producen los pactos necesarios por parte del partido de Patxi López. Incluso puede darse el caso de que el líder socialista prefiera pactar con los nacionalistas- radicales o no- antes que con sus naturales rivales políticos. Por el momento, según el diario El País, el PSOE se ha negado categóricamente a pactar con UPyD porque considera a la formación demasiado opuesta a sus intereses. Ahora queda ver si ocurre lo mismo con un PP que no quiere ofrecerse de socio gratis y cuyas diferencias ideológicas son aún más acusadas, al menos en papel y mitin, que las que López tiene con Maneiro. Pura incógnita.

En lo que se refiere al PP, nadie puede negar que, por sí solo, ha perdido. Ha perdido votos y ha perdido credibilidad.  De hecho, es la formación que más votos ha perdido de estas elecciones y, por mucho que se emperre Olazábal, no es porque se los haya quitado UPyD porque los votos cosechados por la formación liderada por Rosa Díez no son los que ha perdido el de Basagoiti en absoluto, son muchos menos. Los votos que han perdido, literalmente, son los votos que habría recogido María San Gil de no haberse ido, sin más ni más.  Aunque es cierto que la deblacle que los fatalistas preveían no se ha producido debido a las especiales circunstancias del electorado popular vasco que implican fidelidad a lo que creen seguro y probablemente han acudido a las urnas con el objetivo claro de quitar votos a otro, no a dárselos a su partido, con la esperanza de un posible pacto ante la previsible subida del PSOE. Otra cosa es que, siempre pensando en que quien ha subido ha sido el PSOE, no ellos, hayan tenido la suerte de obtener los resultados justos para poder entrar en el gobierno- otra cosa es que entren, claro, porque López aún no ha dicho con quién pactará y su secretario de organización, Rodolfo Ares, dice que “prefiere gobernar sin hipotecas” (el que quiera entender que entienda).

La formación que ha perdido también muchos votos es EB, probablemente como castigo al apoyo incondicional que ha dado al nacionalismo vasco frente a los comunistas desencantados. Y Aralar´, en cambio, ha recogido los frutos de que formaciones como D3M no hayan concurrido.

Por último, hay que dedicar un espacio a parte para UPyD. De nuevo un rotundo éxito electoral para la formación magenta. Primer año que concurre, primer diputado que entra en el Parlamento Vasco e incluso puede que forme parte del gobierno tripartito constitucional si las presiones que podrían desencadenarse por parte de la gente de la calle acaban de inclinar la balanza de López a favor del constitucionalismo y el PSOE prefiere perder un socio a perder apoyo de los votantes- algo raro pero todo puede darse-. Aunque hay que matizar que la repercusión mediática ha sido mayor por parte de medios claramente nacionalistas como forma de restar votos a PP y PSOE, pero ayuda en todo caso. Ahora hay que recordar el nombre de un diputado que seguro que dará mucho que hablar: Gorka Maneiro.

Repercusión nacional
Si algo han tenido estas elecciones ha sido repercusión para los partidos nacionales. Por una parte, el presidente Zapatero ha visto cómo su candidato vasco tiene posibilidades no sólo de ser Lehendakari- lo cual, como he dicho, no implica cambio en Euskadi en absoluto hasta que se demuestre una clara vocación constitucionalista con todo lo que ello implica- pero, por otro, ha perdido el gobierno de Galicia. Ni bien ni mal. Sólo un toque de aviso de una región claramente conservadora y una fenomenal victoria en una tradicionalmente nacionalista. Nada nuevo ni nada claro. Además puede que, después de todo, Patxi López no sea lehendakari. Lo único que se saca de estos resultados es que los nacionalismos están perdiendo fuerza así que quizá en un futuro no pueda exclusivamente agarrarse a ellos para sostener su gobierno.

En cuanto a Rajoy, a pesar del bombo mediático, no se ha consolidado como líder de ninguna manera a la vista de los resultados. En Galicia, como se ha comentado, la victoria ha sido muy justa. Para hablar de consolidación de su liderazgo debería haber sido rotunda, no de simple alternancia lógica basada en el voto de castigo y en unas circunstancias mucho más favorables que hace cuatro años tras el escándalo del Prestige y el clima de opinión totalmente contrario a todo lo que oliese a PP desde el 11M. Eso no le ayudará a ganar elecciones en unas convocatorias generales. Y desde luego no puede contar como victoria aunque se emperre los resultados vascos. Porque los números hablan de bajada de diputados y de quiebra de confianza- valga la frase- de su electorado. María San Gil consiguió 15 diputados en unas condiciones no adversas sino adversísimas de exlusión del PP de todo contacto y aquejado de fuerte oposición en la opinión pública. Todo un éxito. Basagoiti sólo tenía como contra la marcha de San Gil pero tenía a favor la crisis y el hartazgo de la gente. Y ha perdido escaños. Como Patxi López no quiera pactar con Basagoiti, directamente se puede hablar de debacle del PP Vasco. No hay motivo tampoco en Euskadi para la euforia.

Lo que sí que está claro es que Aguirre es la verdadera perjudicada con estos resultados. Pero sólo ella. Y eso no implica directamente que Rajoy automáticamente se clasifique como líder indiscutible, sólo implica que ella ha perdido la batalla. No hay que olvidar que aún puede ser Gallardón el sucesor, o que si se revalida la inocencia del valenciano Camps también pueda ser quien se presente a 2012. No todo son estas elecciones y la verdadera prueba de fuego del liderazgo de Rajoy se llama Europa.

Por último, UPyD puede sentirse totalmente satisfecho- y seguro, como diría Casillas- ya que ha obtenido el triple de los resultados de las generales en tan solo un año y medio de vida y además se ha colado en el parlamento vasco. Todo apunta a que los resultados europeos también les darán nuevas alegrías. Atención porque UPyD puede ser el sucesor a la vertiginosa caída de IU en todas sus variantes a nivel nacional y estos resultados autonómicos respaldan la tesis.

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