La cruda realidad del periodismo

0
238

El rigor, el contraste y la veracidad son algunas de las características -junto a la polémica objetividad- que en teoría deberían aparecer en cualquier tipo de relato periodístico. Y digo en teoría, porque como ilustra el conocido refranero español: “Del dicho al hecho hay un trecho”.
El panorama informativo actual está cambiando, para muchos ha sucumbido en una crisis de contenidos y valores, que en relación a esos campos nada tiene que ver con la crisis financiera de la que tanto hablan los medios de comunicación, el caso es que los cambios tecnológicos, propiciados a raíz de la multimedialidad gracias a la aparición de Internet, así como al protagonismo exacerbado de los medios de comunicación audiovisuales, han hecho que se hable de nuevos públicos y de un nuevo mercado, donde sólo unos pocos -aunque grandes- grupos multimedia, se reparten todo el pastel.

El entretenimiento se impone ante la información y cualquier persona puede ejercer de periodista. Pero aún sumidos en este caos, existen una serie de verdades axiomáticas irrefutables que se mantienen en pie, a pesar de que muchos detractores intenten acabar con ellas.

El problema fundamental de los medios de comunicación es la cota de coqueteo que han alcanzado con el poder. Este hecho genera que se imponga una agenda en el propio medio que se rige por unos intereses legítimos, lo que se conoce también como una línea editorial. Este condicionamiento propicia que muchas veces las informaciones adopten un solo punto de vista de los múltiples que existen, provocándose un efecto manipulador en cierto grado intencionado.

La falsación de la verdad y la inexistencia de un contraste en la actualidad están a la orden del día. Un ejemplo muy reciente ha sido la polémica suscitada sobre un video en el que el Gran Wyoming regañaba y trataba a una becaria igual de bien que se puede tratar a un extremento de perro (por decirlo finamente), y de cómo ese video se filtró a un programa de otra cadena competidora que sin llevar a cabo ningún tipo de contrastación previa, se dedicó a emitirlo. Lo mismo le sucedió a Lidia Lozano cuando creyó encontrar a la hija de Albano, Ylenia Carissi. Errores fatales, ¿errores imposibles de perdonar? ¿Meteduras de pata que suponen un suicidio para la carrera del profesional de la información? Nada más lejos de la realidad, ya que con unas lágrimas de cocodrilo es suficiente para retomar la confianza del público.

Aunque se trata de casos en los que existe una falta de contraste, es mucho peor llegar hasta los extremos de la invención, que por si a estas alturas alguien no lo sabe, se reserva para la ficción, esto es la literatura, pero no el periodismo. Aunque claro, con tanto profesional tan sumamente preparado tras su paso por el reality show de turno o las pasarelas de moda, es lógico que este tipo de matices se olviden, si total ¡nadie es perfecto y todos cometemos errores!

Fuentes de las imágenes
http://kassandranasty.blogia.com/upload/20060612012041-telebasura.jpg

Dejar respuesta