13N, la noche más larga

0
616

Francia revive la pesadilla que sacudió la capital aquella mañana del atentado en la redacción de Charlie Hebdo, diez meses atrás. Los parisinos han de despertar hoy, si es que llegan a dormir algo, con una espantosa resaca de horror que se ha cobrado hasta el momento -son las 2:30 del 14 de noviembre cuando empiezo a escribir esto- más de 120 muertos.

Las primeras informaciones del 13N apuntaban a un tiroteo callejero con un par de víctimas, del que apenas se recababan datos. Seguí con preocupación los primeros tuits al saber que no se trataba de uno, sino de varios atentados simultáneos; a medida que avanzaba la noche, la preocupación se transformaba en estupor, éste en impotencia y rabia, y por último acabé en un estado de malestar físico, con escalofríos y ansiedad.

De este nuevo y lamentable ataque a la civilización saco en claro varias impresiones que me apetece subrayar.

  • En lo relativo a la gestión de la emergencia por parte de las autoridades parisinas, resulta impresionante la rapidez con la que se veía actuar a policías, militares, servicios sanitarios y demás profesionales relacionados. Al menos desde este lado de la pantalla y del ordenador daban la sensación de ser un entramado de servicios sociales sumamente capacitado, coordinado y eficaz. Y ya sabéis lo que se decía de la mujer del César.
  • Por parte de los ciudadanos, me conmovió especialmente la iniciativa #PorteOuverte (“puerta abierta”) lanzada a través de Twitter. Siguiendo este hashtag, cualquier persona necesitada de ayuda urgente -por cualquier razón: por ejemplo, que no pudiese llegar hasta su hotel o hasta su propia casa: recordemos que varias líneas de metro fueron cortadas cuando ya se había confirmado que se trataba de un atentado múltiple- encontraría refugio en las casas parisinas dispuestas a colaborar. Además, según leí, muchos taxistas desplazaron por la ciudad a heridos y afectados de modo totalmente gratuito.
  • Spain is different lo sabemos muchos y muchas, y merece una mención destacada la pésima cobertura que el panorama mediático español ofreció a los telespectadores (no así los radioyentes e internautas, que contaban con una clara ventaja, aunque esto lo señalaré más abajo). A excepción del Canal 24 Horas, ningún otro interrumpió su programación para ofrecer siquiera un escueto titular o destacado. Y a este espacio especial (22:30 – 2:00) nos aferramos sin alternativa, acompañados de Twitter y de la radio. Mientras tanto, en las pantallas seguían Sálvame, Gran Hermano, etc. No se me ocurre otro calificativo que bochornoso.
  • Especialmente destacaré el ridículo internacional de El Confidencial al publicar, como parte de la cobertura fotográfica de estos atentados en París, una fotografía de los atentados en Bangkok del pasado mes de agosto. No hace falta tener cualificación específica para saber que esto contraviene una regla estricta de primer curso de periodismo (y de sentido común): si no se tienen imágenes, no se publica lo primero que uno crea que puede servir para hacer el apaño. Querer ser los primeros en dar la exclusiva no justifica la falta de sensatez, rigor y profesionalidad que pueden costar la confianza de un lector (y perder ésta es algo difícilmente enmendable, cuando no irreversible).

  • Ridículo, también, es demostrar un pésimo nivel de francés hablado. Por supuesto, nadie te obliga a saber idiomas extranjeros si eliges ser periodista, pero sí existe una norma tácita que dice que tienes un compromiso con tu audiencia cuando te diriges a ella. Entender un idioma no es sólo poder traducirlo y expresarte a través de su vocabulario y gramática: cada lenguaje requiere una pronunciación específica. Porte ouverte no se pronuncia [pog’te owβeg’te], sino [pɔʁt uvɛʁt]. Esto me irrita hasta a mí, que no soy francesa (aunque sí francófila), y conste que mi competencia comunicativa en este idioma tampoco es perfecta. ¿Cuál es la solución? En mi opinión, es mucho más honesto no aventurarse en fonéticas que uno no domina. 
  • Como no podía ser de otra manera, en estas tristes coyunturas (de caos y confusión, en las que cualquier segundo cuenta) adquieren especial relevancia las redes sociales (léase: principalmente Twitter, Facebook y Youtube) por su inmediatez y simpleza. La posiblidad de verter al mundo información de primera mano, al minuto, de un modo gratuito e intuitivo es la revolución que se preconizaba. Además, han demostrado actuar como potenciales “salvavidas” (como ejemplo, sirvan los usuarios tuiteando su localización, o detallando sus escalofriantes experiencias en Facebook). Una vez más, Twitter ha dejado claro que va más allá de los medios tradicionales como la prensa escrita e incluso la televisión, ofreciendo múltiples alternativas y canales, y se posiciona como el mejor aliado del periodista/comunicador. Me convenzo de que, en este gremio y cuando se trata de situaciones puntuales en las que uno puede ofrecer información única y exclusiva, no utilizar esta red a nivel profesional es no existir. 
  • En el otro filo del arma están, claro, los fakes (informaciones falsas) que están a un golpe de clic. Aunque las cuentas oficiales hacen un llamamiento continuo a la cautela no nos cansamos de encontrar todo tipo de mensajes alarmistas y manipulados. Por ejemplo, esta noche recorrió las redes la imagen de una Torre Eiffel que se apagaba “en señal de duelo por los atentados”. Me bastó preguntar a una española afincada en París para comprobar lo que ya sospechaba: que es habitual que la torre se apague cada noche, por lo que hacerlo esta madrugada no respondería a circunstancias extraordinarias. También se habló mucho sobre un supuesto incendio originado en un campo de refugiados en Calais, lo cual no resultó ser un bulo sino una noticia real, salvando, eso sí, el pequeño detalle de que se produjo el 2 de noviembre, como aclaraba el periodista Antonio MaestreAntes de publicar algo no confirmado, o de retwittear una información sin contrastar, son pocos los que se paran a pensar en la repercusión y las consecuencias. ¿A cuántas personas puede afectar que tú contribuyas a que un bulo siga rodando? Por otro lado, me pareció insultante la cantidad de usuarios de Twitter que aprovechaban la oportunidad para descargar un odio racista y xenófobo acumulado con ganas.

Por supuesto, mención aparte merece el ingente volumen de material gráfico que ha circulado por las redes. La tentación siempre pervive: la de capturar y publicar la imagen más impactante, ignorando a las víctimas y el respeto que les debemos. Sigo pensando que una imagen que deje espacio a la propia interpretación es preferible a una que asalte, con una puñalada trapera, a nuestras emociones. Me quedo con esta de Christian Hartmann para Reuters (publicada por El Español), porque creo que debemos celebrar la victoria de la vida sobre la muerte. Siempre. Y hoy, más que nunca.

El artículo original está publicado en el blog de la autora.

Dejar respuesta